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08.06.2012 | Animate a vivir tu libertad interior

¡Liberate de la obsesión de controlarlo todo!

Cuando el hábito de contar, arreglar o chequear en forma repetitiva pasa a invadir tu vida, se transforma en una obsesión que puede hacerte dudar de todo y limitar tus actividades cotidianas. El Trastorno Obsesivo Compulsivo (conocido como TOC) es padecido por el 3% de la población.

Adriana Waisman
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¿Quién alguna vez no salió de su casa e, invadida por un pensamiento de duda, regresó para confirmar si cerró la puerta? ¿O antes de ir a acostarse necesitó confirmar que cerró las llaves de gas o las ventanas? O algunos, incluso, necesitan vivir ciertos rituales cotidianos, como contar las baldosas de las veredas pares, o memorizar patentes de autos como si fueran amuletos. Aquel que lleva a la práctica estos hábitos, suele verlos como algo absurdo o irracional, por lo que, si bien es un secreto que no comparte con otros, lo toma como algo natural en su vida. Si estos pensamientos automáticos se repiten con mayor frecuencia, se transforman en obsesiones. Éstas pueden llegar a invadir tu vida, hacerte dudar de todo y limitar tus actividades cotidianas.

Algunos de estos actos tienen que ver con contar, arreglar, chequear en forma compulsiva y repetitiva. Así, pasás de tener un hábito molesto a tener un Trastorno Obsesivo Compulsivo (conocido como TOC). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo sufre el 3% de la población y se detecta, en general, en la adolescencia y en los adultos jóvenes.

La enfermedad es el resultado de una vida muy organizada pero no del todo “elegida”. Esto surge de creencias que hacen que veas el mundo como un lugar peligroso, que te genera miedo y ansiedad, en lugar de verlo como un lugar lleno de posibilidades para explorar y disfrutar.

Desde esa creencia (influenciada por mandatos familiares y miedos que se transmiten sin querer), no te das otra opción que salir a vivir tu vida a través de la máscara de un personaje, donde intentás mostrarte como una persona muy madura, educada y responsable, con las respuestas justas, con las ideas claras, con el control de todo y de todos. Y terminás viviendo una especie de “doble vida”: esa que creés que es la esperable, la “reconocida” por todos, la que “tiene que ser”.

Vivís desde el personaje que armaste, mientras la persona que querés ser se pierde. Empiezan a aparecer diferentes síntomas: miedos, ansiedades, pensamientos obsesivos, dudas, insomnio, preocupación crónica, dificultad de delegar, búsqueda de la perfección... Si no “pescás” a tiempo este juego, entrarás en una zona de riesgo: la enfermedad.

Sabemos que no son tiempos fáciles, vivimos corriendo todo el día sin preguntarnos hacia dónde, pero seguimos, casi automáticamente. Constantemente te enfrentás a crisis de valores sociales y afectivos, a situaciones de injusticia que te lastiman. En este acelerado vivir cotidiano, podés sentir que te quedás “sin recursos” o, al menos, que no tenés los suficientes. Viéndote desbordada, vulnerable, empezás a controlar toda situación, sin darte cuenta: hacés el trabajo de los otros para evitar que lo hagan mal, te adelantás a situaciones negativas y, sin chequear probabilidades, intentás controlar el futuro, pensando diferentes opciones bajo el lema “por las dudas”.

De esta manera, hacés de tu vida una gran agenda donde organizás todo y proyectás los próximos años sin preguntarte si eso es lo que realmente te va hacer bien. El control aparece como una protección y, con esa idea, corrés el riesgo de asociar “control” con “poder”. Es ahí donde te perdés la posibilidad de escucharte.

A continuación, algunos tips que te pueden ayudar a encontrar:

* Perdé el miedo a equivocarte. El hecho de no confiar en vos te lleva a hacer actividades que hacés con frecuencia porque te hace sentir más segura. Pero así te perdés la posibilidad de vivir nuevas situaciones.

* Aprendé a valorar tu opinión. Cuando te pongas un objetivo, pensá en dos metas posibles: una, la que creés que es la que “tiene que ser” y, otra que también sería buena para vos. Dos opciones, ni mejor una que la otra, simplemente, distintas. Más allá de los resultados, alentate con un mimo, regalate o hace algo que te guste. Esto te ayudará a bajar las expectativas (que no es lo mismo que resignarte), permitiéndote disfrutar de las cosas que querés para vos.

* Sé tu observadora emocional. Tratá de detectar la emoción de miedo o ansiedad en el momento que aparece. Investigala. Registrá ante qué situación apareció esa sensación, qué hubieras querido hacer en ese momento que no hiciste, y qué podrías hacer ahora. La emoción encierra siempre un mensaje que tenés que aprender a descifrar. Si no, se queda dentro tuyo, limitándote.

* Soltá tus pensamientos. No luches contra tus pensamientos negativos. Armá una estrategia para aprender a manejarlos. Intentá no aceptar las ideas tal cuál se dan. Abrí un diálogo con tus pensamientos. No te quedes con respuestas cerradas, buscá otras explicaciones alternativas.

* Desintoxicá tus pensamientos. Armate un “ayuda memoria emocional” con algunas preguntas básicas. ¿Que me da miedo? ¿Que evidencias reales tengo? En una escala del 1 al 10, ¿qué posibilidades hay que sea así? ¿De que otra forma puede ser? Llevá estas preguntas adonde vayas y, cuando sientas que te enredás en tus pensamientos, leelas una hasta contestarlas. Si en alguna tenés dificultad, imaginate cómo lo haría alguien que vos quieras mucho.

El día a día nos muestra que es poco lo que podemos controlar, y eso es buenísimo. ¿Por qué? Porque la vida puede sorprenderte para disfrutar lo bueno o enfrentar los desafíos que te propone y, viéndolos como un aprendizaje, lográs soltar el miedo, la obsesión y la perfección para vivir tu libertad. Porque, parafraseando a Felipe González, “la libertad se pierde cuando se empieza a temer”.

¿Sabés cuál fue el miedo que te robó tu libertad?

Por la licenciada Adriana Waisman, psicóloga especialista en conductas adictivas y trastornos de ansiedad.

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