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25.06.2012 | Vacaciones con humor

Instrucciones para los cleptómanos de hotel

Un shampoo, una crema de enjuague, pañuelos descartables, hisopos, café… ¿La lista del supermercado? No: algunos de los tantos productos que uno puede llevarse de un all inclusive o de un hotel cinco estrellas (y de muchos cuatro estrellas también) para amortizar mejor el costo de la habitación.

Walter Duer
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Desmantelar todos los objetos “llevables” de la habitación es una actividad que requiere de astucia y de criterio. La astucia es imprescindible a la hora de determinar el plan que permitirá alzarnos con la mayor cantidad de productos dentro de nuestro bolso. Por ejemplo, lo primero que hay que hacer una vez que el botones abandona la habitación y nos desea una feliz estadía es ir hasta el baño y arrasar con los amenities: shampoo, crema de enjuague, jabón, cepillo de dientes, dentífrico, hisopos, algodón y hasta un kit de costurero. ¿Cuál es la urgencia? ¿Por qué no esperar hasta el momento anterior al check-out para hacer semejante cosa? Porque probablemente, en su siguiente visita, la chica encargada de la limpieza haga una reposición total que usted puede volver a vaciar a la siguiente jornada. Pero atención: una vez que la susodicha mucama se dé cuenta de que lo suyo es la avaricia acumulativa, comenzará a escatimar algunos refuerzos. Así, si el primer día le repone las tres botellitas (shampoo, acondicionador y jabón corporal), al quinto día probablemente sólo ponga la del shampoo. Y al séptimo, si es que la estadía se estira tanto, tal vez sea la chica de la limpieza la que escarbe dentro de su equipaje y vuelva a colocar algunas de las botellitas que usted ya había robado.

Es importante revisar bien el baño, con cajones y todo, porque en ocasiones esconden algunos otros productos adicionales. Un caso típico es el de esa esponjita para lustrar zapatos, que se hace irresistible a los ojos del cleptómano de hotel, aún cuando sabe a priori que jamás la va a utilizar y que casi seguro la tirará a la basura cuando haga la siguiente limpieza general, mucho tiempo después, ya en su hogar.

Las batas, las pantuflas y las toallas -en particular si tienen el logo del hotel- sacan baba de la boca a la mayoría de los huéspedes. Lamentablemente, muchos hoteles han decidido poner un cartelito en el bolsillo de la bata indicando su precio, como para dejar bien en claro que llevarla ya no es una gracia (como lo es con las botellitas de shampoo), sino un delito. Sin embargo, con estos elementos existe lo que se ha dado en llamar “maniobra distractiva para artículos de blanquería”. Consiste en levantar el tubo del teléfono, llamar a housekeeping y decir: “necesitaría una toalla adicional, porque en el baño me han dejado sólo una y aquí dormimos dos personas”. La persona que llegue hasta su habitación jamás chequeará en el baño si usted le estaba diciendo la verdad, en particular si la atiende en paños menores con la puerta apenas entreabierta, como quien está a punto de bañarse y que está demorado en ese menester por la poca eficiencia mostrada por los empleados del hotel en reponer la toalla faltante. El mismo truco puede llevarse a cabo con la bata y con las pantuflas, por supuesto, aunque estas últimas vienen cada vez de menor calidad (lo que las convierte en gratuitas).

Desarrolladas las estrategias para artículos de baño y de blanquería, llega el turno de los productos de oficina. Si revisa la habitación como corresponde, tiene que encontrar algunos anotadores (en el escritorio y cerca de todos los teléfonos), biromes por doquier (de todas formas, cada vez que se cruce con un empleado del hotel en cualquier lugar del hotel, debe decirle “¿podrá facilitarme una lapicera, por favor?”, simular que anota algo en un papel y no devolverla) y, si el hotel es muy bueno, sobres y postales. Si usted es una persona lo suficientemente creyente como para querer tener su propia Biblia, pero no tanto como para suponer que va a ir al infierno por robar una, puede tomar la que se ubica generalmente en el segundo cajón de la mesita de luz.

El último punto a revisar son las inmediaciones del frigobar, porque por allí siempre aparecen algunos sobrecitos de té o café de cortesía, rodeados siempre por azúcar y edulcorante, productos que cotizan alto en las góndolas de los supermercados.

Decíamos al principio que se necesitaba astucia, pero también criterio. Este último punto es esencial, porque el cleptómano de hotel, llegado un momento, pierde el foco de sus actividades y es capaz de tentarse con todo lo que ve: veladores, plasma, muebles y hasta alguno de los cuadros que adornan la habitación.


Por Walter Duer, autor del blog El viajar es un placer.

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