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23.08.2011 | Dejate ayudar

El sexo, al consultorio: crecen las consultas y las soluciones

Los consultorios sexológicos reciben cada vez más pacientes. Hombres, mujeres y parejas tienen dudas e inquietudes y buscan ayuda en distintos profesionales. Según la licenciada Diana Resnicoff, muchas dificultades sexuales provienen de una insuficiente o falsa información. Aquí, algunas aclaraciones.

Lic. Diana M. Resnicoff
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Orgasmo

La posibilidad de sentir placer en las relaciones sexuales parece ser la preocupación de la mayoría de las mujeres. Por ello es interesante conocer algunas particularidades del orgasmo femenino. En primer lugar, aun las mujeres que tienen orgasmos, no lo obtienen en todas las relaciones. En este sentido, somos muy diferentes a los hombres, que la mayoría de las veces tienen orgasmo y eyaculación.

Si bien algunas teorías contemporáneas sostienen que los movimientos del orgasmo facilitarían la fecundación, de cualquier modo no es indispensable tener un orgasmo para quedar embarazada y sí es indispensable el orgasmo masculino para provocar la eyaculación, la impregnación y la fecundación.

Pero, ¿cómo es un orgasmo? El orgasmo sólo dura unos segundos y consiste en contracciones musculares rítmicas. La mente se centra en experimentar esas sensaciones agradables y puede parecer que la persona por breves momentos "pierde el sentido"; se producen sonidos vocales involuntarios (jadeos, ruiditos, gemidos) y cambios de la expresión facial. La intensidad del orgasmo difiere entre una persona y otra y también de un momento a otro en una misma persona.

Hay diferencias entre los hombres y las mujeres después del orgasmo. Si continúa la estimulación y el interés sexual, algunas mujeres tienen orgasmos múltiples. Los tiempos de excitación de las mujeres y de los hombres son muy diferentes: ellos pueden excitarse muy rápidamente y nosotras podemos necesitar entre 20 y 40 minutos. Esto se debe a características fisiológicas femeninas. Es el tiempo de alcanzar la congestión pélvica que produce el orgasmo. En cambio, unos pocos minutos son suficientes para llenar de sangre el pene y producir la eyaculación.

Sin embargo, los hombres pueden, si así lo desean, aprender a retrasar su orgasmo y esto puede ser muy placentero para ambos.

Muchas parejas preservan el mito de que el orgasmo debiera ser una situación simultánea. Esto a veces sucede en una pareja que se conoce y consigue coordinar sus tiempos, pero no debiera ser una meta a alcanzar.

¿Qué se necesita para que el orgasmo "aparezca"? Un cuerpo sano, una estimulación adecuada y libertad para percibir sensaciones y sentimientos eróticos. Para la mayoría de las mujeres es también necesario confiar en la persona con la que estamos. Si la estimulación es la adecuada, alcanzamos un orgasmo, razón por la cual muchas mujeres que conocen su cuerpo y se autoestimulan lo alcanzan. La estimulación del clítoris, sea por caricias en la zona o frotamiento o contacto durante el coito, es necesaria para alcanzarlo.

La primera pregunta para hacerse cuando falta el orgasmo es si la estimulación recibida es la adecuada. ¿Hay caricias suficientes? ¿Es esa la estimulación más placentera? ¿La excitación se mantiene y aumenta?

Por otro lado, es probable que situaciones traumáticas o dolorosas inhiban la posibilidad de sentirlo. Pero no tienen por qué ser eternas: si la situación presente es afectiva y cuidadosa y la estimulación es la adecuada, el orgasmo va a aparecer.


Orgasmo durante el coito

A pesar de suponer que la penetración debería ser la situación más estimulante desencadenante del orgasmo femenino, no lo es. La cópula no alcanza para producir la estimulación clitoridiana necesaria para que el orgasmo se desencadene. En su investigación con 3000 mujeres, Shere Hite encontró que dentro de las mujeres orgásmicas sólo el 30% obtiene orgasmo durante la cópula sin estimulación manual del clítoris y un 19% con estimulación manual durante la penetración.

No obstante, Hite señala que aquellas que obtienen orgasmo sin estimulación manual simultánea lo hacen en posiciones que proveen estimulación clitoridea que se suma a la producida por el movimiento peneano. El resto de las mujeres posiblemente tengan orgasmos antes o después de la penetración por estimulación manual u oral del compañero.

La posición preferida para tener orgasmo con la penetración es con la mujer arriba, pues ello facilita el frotamiento y el movimiento femenino. La posición de penetración vaginal desde atrás puede resultar estimulante si es acompañada de caricias en la zona del clítoris.


Simular lo que no siento

No hay manera de saber cuándo un orgasmo es fingido, salvo que se conecte la mujer a una serie de instrumentos de medición fisiológica que controlen la presión sanguínea, el ritmo cardíaco, las contracciones vaginales, la actividad cerebral y todos los otros indicadores de la excitación y el orgasmo. Por supuesto que también se necesitan especialistas para interpretar las lecturas de los instrumentos.

Algunos hombres miden su eficiencia sexual según los orgasmos de la mujer. Muchas mujeres confiesan que fingen el orgasmo porque no quieren herir los sentimientos de sus compañeros y se sienten muy desconcertadas cuando no lo consiguen durante la cópula.

Ningún hombre le "da" un orgasmo a su compañera, ni puede "hacer que tenga uno". Pero sí puede aprender qué es lo que enciende e intensifica su excitación sexual, y también puede aprender a reconocer las cosas que la disminuyen. Por eso es importante que la pareja converse y exprese sus deseos y particularidades.


Inhibiciones psicológicas

A veces, aunque los estímulos recibidos sean los adecuados, el orgasmo no aparece. Las mujeres somos muy sensibles a situaciones dolorosas, desagradables o, simplemente, de desencuentros con el compañero que pueden quedar flotando como pensamientos que interrumpen la excitación e impiden el goce. Los enojos, los desacuerdos, las discusiones -muchas veces sobre asuntos cotidianos- nos predisponen negativamente para el encuentro sexual. Por ello, es probable que los orgasmos se produzcan con más frecuencia en relaciones afectivas y con personas que las conocen y las quieren.


Ingredientes de la escena sexual

Muchos juegos y caricias sexuales pueden resultar excitantes. Pero la gente, aunque presenta semejanzas, también es muy diferente en sus gustos, preferencias y placeres. Y hasta la misma persona puede responder de manera diferente en distintas circunstancias o con diferentes compañeros sexuales. Dentro de esto, tres actividades se destacan: el sexo oral, el sexo anal y las fantasías sexuales.

Sexo anal: en general, son pocas las mujeres que disfrutan con esta práctica sexual. En primer lugar, toda actividad sexual que sea dolorosa, deja de ser placentera. Si bien se pueden tomar recaudos para que no duela, es importante que sea una elección de ambos y no algo que se ejerce bajo presión masculina. Si ambos lo desean, debe usarse un lubricante, y el movimiento debe ser más lento y menos profundo que en el coito vaginal. Es importante ser cuidadosos con la higiene porque las bacterias intestinales pueden ser transferidas y producir infecciones.

Importante: se trata de una práctica sexual que nadie debe realizar por obligación.


Sexo oral

Estimularse con la boca los genitales forma parte del juego sexual, aumenta la excitación antes de la penetración y puede ser un modo de alcanzar el orgasmo.


Pensamientos y fantasías

Si bien existen infinidad de fantasías sexuales, algunas personas se asustan del contenido de las mismas, a otros les resultan extrañas y otros las viven como compañeras habituales de su excitación. Las fantasías sexuales forman parte de la intimidad de cada uno, se pueden compartir o no dentro de la pareja. Compartirlas puede ser muy excitante para algunas parejas y muy enfriante para otras, y pueden utilizarse de muy diversas formas: invitan a la masturbación, aumentan el deseo de sexo, y a veces se utilizan para facilitar el orgasmo, liberándonos de preocupaciones y miedos. A través de ellas podemos realizar actividades "prohibidas" sin tener que participar realmente en ellas.

Dejarse llevar por las fantasías es una forma de ampliar la experiencia sexual sin correr ningún riesgo. Tener fantasías, incluso durante el coito, no es extraño ni indica que necesariamente existan problemas en la relación.


Dolor en la cópula

Lo primero que se debe hacer es una consulta ginecológica para descartar cualquier problema orgánico que esté produciendo el dolor. En segundo, lugar pero no menos importante, la lubricación y excitación previa a cualquier intento de penetración son indispensables. Es la natural preparación del cuerpo para la cópula, que puede verse interrumpida por pensamientos de inseguridad, desconfianza o temor.


Penetración imposible

Es importante diferenciar lo que se llama coito doloroso del vaginismo, donde la penetración no es posible puesto que, ante la introducción del pene o de un dedo, los músculos de la vagina se contraen de manera no voluntaria. La mujer puede desear, excitarse y lubricar, pero cuando el compañero quiere realizar el coito percibe una resistencia, al punto que si hace demasiada fuerza ella comienza a sentir dolor. Esta situación se puede mantener a través de los años y, a veces, hace crisis cuando la pareja desea tener hijos y esta dificultad se lo impide.

Se han barajado varias causas para justificar esta disfunción: las orgánicas, como las patologías vaginales que causen dolores (vaginitis, endometriosis, bartolinitis, etc.), pueden producir un cierto espasmo que impida la realización del acto. Pero lo más frecuente es que esté provocada por causas psicológicas. Desde fobias a la penetración (hay casos donde las mujeres fantasean que sin son penetradas van a sufrir desgarros o lastimaduras), conflictos infantiles y experiencias traumáticas del pasado (abuso sexual infantil), terror al embarazo y a la maternidad, hostilidad hacia el compañero, influencias familiares coercitivas.

Una de las consecuencias del vaginismo, acompañado muchas veces de una disfunción sexual masculina complementaria (impotencia, eyaculación precoz, fobias sexuales), es el llamado matrimonio no consumado.

El tratamiento del vaginismo es de sencilla resolución con terapia sexual específica, en la cual se combina suministro de información con intervenciones específicas, de tipo psicoterapéutico, incluyendo tareas a realizar por la mujer, tanto a solas como con su pareja.


Lic. Diana M. Resnicoff, Psicóloga clínica. Sexóloga clínica. Autora de www.e-sexualidad.com

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