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03.08.2012 | Tercera edad

Cuidar para arriba y para abajo: las complejidades de la generación sandwich

Entre los 35 y 60 años muchas transitamos un tiempo de sobrecarga, en el que nos toca atender demandas y necesidades de padres y hijos. En la agenda compiten por ajustado espacio el trabajo, la profesión, la familia, la economía hogareña, la pareja y la salud, que empieza a recordarnos que “los años no vienen solos”. La licenciada Mariana Kesselman, especialista en el tema, brinda algunos consejos sobre cómo transitar esa situación sin morir en el intento.

Georgina Elustondo
gelustondo@clarin.com / twitter: @georginaelus
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Entre los 30 y los 65 años, hombres y mujeres dedican gran parte de su vida al crecimiento laboral, esmerándose en aumentar y enriquecer sus conocimientos y capacidades para afianzarse en su profesión o su trabajo, mejorar sus condiciones de vida, incrementar sus ingresos y lograr puestos de mayor jerarquía y/o reconocimiento social. Es una etapa de gran potencial tanto en lo personal como en lo laboral y un momento de consolidación en el que uno empieza a recoger los frutos de lo sembrado en diversas áreas.

Pero es precisamente ese mismo "potencial" que enriquece esta etapa de la vida la que la vuelve compleja y difícil de transitar, porque la exigencia también es mucha y la sensación de sobrecarga está, cada día, a la vuelta de la esquina. El abandono del hogar paterno, la construcción del propio nido, la pareja, la economía hogareña, los padres que se hacen grande, los hijos que necesitan todo y más... De esta manera, para quienes deciden formar una familia, arranca uno de los grandes dilemas que enfrentan en general quienes le ponen el cuerpo a la "adultez": cómo conciliar la vida personal y familiar con el trabajo, cómo reservar espacios y ratos de ocio y de autocuidado en medio del vértigo cotidiano, cómo conjugar responsabilidad y placer.

"Son momentos en que es importante sentarse a reflexionar respecto a la distribución de tareas", dice la psicóloga Mariana Kesselman, especialista en el tema. "Es necesario parar y sentarse a conversar en familia para encontrar la manera de planificar una organización que brinde mayor satisfacción para todos".

Para quienes no tienen hijos y entregan gran parte de su tiempo al crecimiento profesional y económico tampoco es fácil: su agenda completa y sus limitaciones de tiempos y horarios acotan su vida social, dejándolos a veces en una sensación de soledad que los atormenta. Un sentimiento parecido al que sacude a los mayores de 50, cuando los hijos empiezan a vaciar el nido detrás de rumbos propios y personales.

En todos los casos, la demanda es mucha. Y es diaria. El estrés puede comenzar a jaquear el cuerpo, el ánimo, la calidad de vida y la salud que puede verse afectada de múltiples maneras: úlceras, problemas cardíacos, alergias, dolores de cabeza, dolores musculares, trastornos del sueño, malestar... La necesidad de hacer algo para minimizar los efectos del estrés y la sobreexigencia propia de esta etapa compleja se impone como nunca antes. Es importante hacer espacio al cuidado personal, respetar los chequeos periódicos, alimentarse bien, hacer actividad física y hacer un esfuerzo para cambiar aquellos hábitos que puedan estar afectando nuestra salud.

¿De qué manera podemos cuidar nuestra salud cuando la agenda diaria no habilita demasiados huecos? Es cuestión de organizarse. Quienes formaron una familia pueden redoblar esfuerzos para planificar mejor la rutina y apoyarse entre todos para sostener la decisión y el proyecto de estar juntos y cada vez mejor.

La licenciada Mariana Kesselman, especialista en el tema, brinda algunos consejos para ayudarnos a transitar esta etapa sin morir en el intento.


¿Por qué quienes transitan la etapa de los 35/55 viven inmersos en una sensación de sobrecarga y exigencia permanente?

Las personas que están en esa franja se denominan la "generación sándwich" porque deben cuidar a sus hijos y hacerse cargo de sus padres, mientras sostienen el protagónico productivo. Son la generación "del medio", tironeados y exigidos por las necesidades que deben cubrir y las exigencias que tienen que enfrentar. En general, las mujeres son las que más se resienten porque suman al trabajo la función (histórica) del cuidado en la familia: deben atender a los miembros dependientes y ocuparse del hogar y de la situación conyugal.

¿Cómo afecta esta situación la salud y el bienestar psíquico y emocional de quienes transitan esa etapa?

Todas estas situaciones repercuten en la salud física y psicológica de esta generación, produciendo lo que se conoce como "síndrome del desgaste" (burn-out). Cuando se suman la presión emocional y los conflictos personales, los problemas económicos o laborales, la falta de reconocimiento y/o una permanente postergación en la atención a las cuestiones personales, pueden aparecer alteraciones psicofísicas: problemas de sueño, pérdida de energía, cansancio, aislamiento, palpitaciones, molestias digestivas, aumento del consumo de café, tabaco y/o alcohol, problemas de memoria, pérdida de interés por actividades que antes resultaban satisfactorias, trastornos de la alimentación, cambios de humor, propensión a los accidentes y/o estados de depresión.

¿Qué recomendaciones puede hacer respecto al cuidado de los hijos y cómo conciliar mejor familia y trabajo?

Es importante realizar reuniones familiares y conyugales para hablar sobre el tema del cuidado y de la posible sobrecarga. Sin una buena planificación, todo llevará más tiempo y dilapidaremos recursos. Es bueno analizar qué quiere y qué puede realizar cada miembro de la familia para colaborar con las tareas del hogar, y repartir funciones en forma explícita y con acuerdo de las partes. También se pueden buscar recursos comunitarios, como niñeras o personal doméstico, o pedir ayuda y delegar tareas en la familia nuclear o extensa. Planificar ayuda a conciliar mejor trabajo y familia.

Desde la psicología, ¿qué recomendaciones se pueden hacer a la "generación sándwich" para mejorar su calidad de vida?

Es importante apuntalar el autocuidado y el fortalecimiento de los recursos personales de salud (percepción del propio cansancio-deterioro, de los recursos necesarios para cada momento, etc.). A su vez, uno podría hablar de plasticidad: trabajar la flexibilidad física y psíquica para poder "surfear" mejor entre las demandas y exigencias. Otros consejos:

• Piense cómo le está afectando el cuidado de sus familiares: si se siente sobrecargado, consulte a un psicólogo.

• Tómese su tiempo para ocuparse de su salud: realice chequeos médicos, realice ejercicio físico.

• No abandone salidas y actividades que le hacen bien (amigos, cine, teatro).

• Ponga límites al cuidado. Establezca una diferencia entre necesidades de su familiar y demandas externas. Aprenda a decir no cuando no quiera o pueda realizar una tarea.

• Realice reuniones periódicas con su pareja, familia conviviente y ampliada para favorecer la comunicación y planificar una vida mejor, reflexionar sobre las situaciones conflictivas y las dificultades vinculares y las estrategias para salir adelante de manera solidaria y compartida.


¿Qué signos pueden estar alertando que una persona necesita ayuda profesional?

Se pueden tener en cuenta las siguientes señales de alerta, que dan la pauta del nivel de sobrecarga y posible estrés del familiar:

• Problemas de sueño.

• Pérdida de energía, fatiga crónica, sensación de cansancio continuo, etc.

• Aislamiento.

• Consumo excesivo de bebidas con cafeína, alcohol o tabaco, o de pastillas para dormir u otros medicamentos, como psicofármacos.

• Problemas físicos: palpitaciones, temblor de manos, molestias digestivas. Aumento o disminución del apetito.

• Problemas de memoria y dificultad para concentrarse.

• Menor interés por actividades y personas con las que se tenía cercanía.

• Enojarse con facilidad. Tratar a otras personas de la familia de forma menos considerada que lo habitual, o dar demasiada importancia a pequeños detalles. Cambios frecuentes de humor o estado de ánimo.

• Propensión a sufrir accidentes.

• Dificultad para superar sentimientos de depresión o nerviosismo.


Fuente: Revista Telecom Salud

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