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25.07.2012 | A 60 años del fallecimiento de Eva Perón

Madres solteras: Evita y la legitimidad de otra mirada

Una década antes de la pastilla anticonceptiva, Evita creó hogares de tránsito para mujeres y niños sin hogar. ¿Por qué fueron importantes? Tres especialistas analizan el tema para Entremujeres.

Sabrina Díaz Virzi
sdiazvirzi@agea.com.ar | @sabridiaz
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Evita llegó al poder cuando las mujeres recién comenzaban a salir de casa para trabajar o estudiar. Acompañó el proceso de cambios de la época e influyó en los avances por la igualdad de derechos entre géneros. Vivió poco más de tres décadas y estuvo siete años vinculada al poder, pero sentó más que un antecedente en el rol que pueden ocupar las mujeres en nuestro país, así como en la atención a los desamparados. Una década antes de la pastilla anticonceptiva, Eva creó hogares de tránsito para mujeres y niños sin hogar. ¿Qué significaba ser madre soltera en esa época? ¿Cuáles son los prejuicios que las rodeaban?

En 1948, se creó la Fundación Eva Perón, que inauguró tres hogares: el de la calle Carlos Calvo 102 (con 250 camas), el de la calle Austria 2561 (400 camas), y se compró y restauró una casa en Lafinur 2988 (500 camas) para convertirla en el Hogar de Tránsito Número 2, un refugio temporario para mujeres y niños sin recursos. Éste dejó de existir tras el golpe militar de 1955, y desde el año 2002 funciona allí el Museo Evita. Según el sitio web EvitaPerón.org, quien fue Primera Dama inauguró el hogar con estas palabras: “El hogar de tránsito ampara al necesitado y al que momentáneamente no tiene hogar. Todo el tiempo que sea necesario hasta que la ayuda social le encuentre trabajo y vivienda”.

¿Por qué resultaron importantes los hogares para madres solteras? Porque en ese momento recaía sobre estas mujeres un gran prejuicio social y vivían desprotegidas económicamente. Con estos hogares, “Evita reivindica la maternidad”, comenta Irene Meler, doctora en Psicología y coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.

“Los hogares para madres solteras ocupaban un rol que la sociedad no ofrecía: no castigar a las mujeres, sino protegerlas; apoyarlas y contenerlas para organizar sus vidas y proteger a sus hijos; protegerlas del estigma y rechazo social; desarrollar su autoestima y ofrecerles recursos para vivir dignamente”, dice la psicóloga, sexóloga y especialista en educación sexual Andrea Gómez.

Mabel Bianco, médica y presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), opina que, “al ocuparse y apoyar a las madres solteras y a los niños abandonados, Evita dio un mensaje a la sociedad que los penalizaba, pero en realidad no produjo grandes cambios porque se hacía en un marco más de beneficencia que de respeto a los derechos. Es cierto que en esa época los derechos de las mujeres no eran algo tan reconocido pero, igual, esa era la actitud que prevalecía. Ella, si bien viajó a Europa y conoció otras actitudes, no incursionó en ese terreno de los derechos de las mujeres, lo hacía en el marco de ayudar a los marginados, pobres, migrantes, madres solteras, niños abandonados”.

¿Cuál era el prejuicio que rodeaba a estas mujeres? “Tener hijos era considerado un deber ‘natural’, propio de las mujeres e indiscutible. Ser soltera era sinónimo de fracaso y de enfermedad. El valor de una mujer se adquiría si estaba al lado de un varón (casada) y si además le daba hijos. Las mujeres eran educadas para ser madres y atender a la familia. El cuerpo como generador de placer era absolutamente vedado. El cuerpo de la mujer debía ser bello, joven, elegante y debía procrear. Ser mujer era sinónimo de ser madre”, desarrolla Gómez.

Bianco coincide y señala que “eran épocas en las que ser madre soltera era algo muy mal visto y por eso las mujeres quedaban abandonadas por sus familias, especialmente, las de sectores medios y medios bajos. Los hogares les dieron a esas mujeres y sus hijos un techo, comida y la posibilidad de reencauzar sus vidas. Pero el cambio social se dio mucho más tarde, en la medida que empezamos a hablar de los derechos de las mujeres”.

¿Qué influyó para que se produzcan estos cambios? Según la doctora Meler, “entre otras cosas, se produjo un cambio en el modo de producción capitalista. En esos tiempos, el eje era la producción: se debían contener los impulsos, ahorrar y la familia integrada era una forma de normalización y control social. Con el paso al capitalismo de consumo, el sujeto ‘consumidor’ es estimulado para desarrollar el deseo, para obtener objetos, cosas y, también, gozar del cuerpo”. Además, Meler hace referencia a la influencia de la globalización: “Su auge permite conocer culturas diferentes. Esa diversidad hace difícil mantener un punto de vista limitado o parroquial”.

¿Cómo es la situación hoy? “Las madres solteras enfrentan muy poca sanción social. Estamos ante un cambio de la moral sexual cultural. Dejamos atrás la moral represiva para pasar a la incitación perversa: lo que antes se reprimía, ahora se estimula, se exhibe y se explota comercialmente”, sostiene Meler.

“Hoy, la maternidad de mujeres solteras es algo considerado habitual (es una época en que también se acepta el matrimonio de personas del mismo sexo, de diferentes edades y muchos otros, que antes se veían mal). Lo que sigue siendo censurado en alguna medida es la maternidad en la adolescencia. Las chicas tienen derecho a decidir ser madres, el problema es cuando no pueden decidir porque no saben, porque son forzadas y/o abusadas o violadas”, sentencia Bianco.

“La sociedad es muy hipócrita: valora la maternidad pero, a su vez, la castiga al no proteger a las mujeres y a sus hijos: una madre sola tiene grandes complicaciones para poder trabajar y/o estudiar. ¿Cuántas luchan incansablemente por una cuota alimentaria que deben recibir sus hijos por derecho? ¿Cuántas toleran -pasivamente- cobrar un sueldo menor al de un varón en el mismo puesto de trabajo?”, reflexiona Andrea Gómez.

El quinto anuario publicado por del Observatorio de la Maternidad en diciembre de 2011 indica que “la maternidad en solitario ha experimentado un acelerado crecimiento en los últimoms años y constituye una organización familiar cada vez más frecuente”: el 85.9% de las jefas y jefes de hogares monoparentales de 14 a 49 años relevados por la Encuesta Permanente de Hogares son mujeres solas con hijos a cargo. Esto refiere a una realidad femenina que es más frecuente entre los sectores vulnerables y que tiene consecuencias en la participación laboral de las mujeres y en la sobrecarga de responsabilidades que deben asumir, como cuidadoras y trabajadoras a la vez.

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